Redacción Cultura
El
contraste entre la sensibilidad floral de Deidre de Waal y el ánimo
cosmopolita y lúdico de su esposo, Kees de Waal, salta al primer
vistazo de la exposición que se abre la noche de hoy (19:00) en la
Posada de las Artes Kingman (Almagro y Pradera). Juntos forman un
conjunto extraño, una armonía compleja que acaricia la mirada.
La
muestra es, de entrada, dos cosas: primero una estimulante muestra de
dos reconocidos artistas holandeses, cuyas temáticas e intereses
plásticos difieren profundamente pero que, de algún modo, llegan a una
consonancia agradable. Segundo: es una manera de financiar el trabajo
filantrópico que la fundación que lleva su apellido desarrolla en
el Ecuador y en otros cinco países de América Latina.
Sobre la
primera idea habría que decir lo siguiente: luego de una vida dedicada
a los negocios y de una tranquila jubilación, Kees de Waal (nacido en
Holanda, en 1922) volvió a su primer amor: la pintura. Sus constantes
viajes alrededor del mundo y una formación intelectual intensa
influyeron fuertemente en la obra que empezó a gestar.
Ese
espíritu doble se puede percibir en las alusiones a la cultura inca, a
la deshumanización tecnológica... así como en los títulos
poéticos (Dentro de cada vida una lluvia está por caer, No me
digas qué soy, No hay un escape como un sueño musical...) de las
28 obras que han sido traídas desde Holanda. Las otras 14, las de su
esposa, por otro lado, presentan una exquisita sensibilidad por las
formas o, mejor, por la disolución de las formas. Su trabajo siente
debilidad por las flores y el vértigo cromático que ofrecen juntas en
un paisaje.
Sobre la segunda idea habría que decir, al menos,
esto: la Fundación de Waal fue creada en 1985, como un
complemento de la actividad artística de los De Waal, y se enfoca en
prevenir las discapacidades prenatales en Latinoamérica. En
Ecuador, la Fundación desarrolla programas de capacitación en colegios
y con madres jóvenes.